Volver sobre lo pintado
Raúl Cárdenas
El artista ayacuchano reúne cuatro décadas de su obra en una muestra antológica instalada en el Centro Cultural de Unifé.
Catherine Contreras
Sucede con los pintores mayores que, llegado cierto momento de su vida, echan una mirada al pasado para recorrer su obra y soñar con exhibirla en una retrospectiva. Hace siete años que Raúl Cárdenas decidió mostrar la diversidad cromática y la amplitud de registros de su pieza, que son de factura reciente, pero representan las etapas evolutivas del artista.
Impedido de reunir su obra más antigua —Cárdenas explica que pidió la pista de quien fuera su primer coleccionista, el artista ayacuchano no dejó de regresar a Huanta para reencontrarse ese espíritu creativo que sembró en él su vocación. Así fue pensando las primeras ideas de esta antología, recuerdo de las etapas pictóricas que experimentó desde que egresó de la Escuela Nacional de Bellas Artes.
“Por la senda del color —Raúl Cárdenas pudo ser militar— compuso toda su trayectoria desde sus primeros lienzos con el camino de la pintura. Tras cumplir estudios formales, desarrolló una primera etapa figurativa, entre las décadas de 1970 y 1980, plasmando “una pintura de arquitectura colonial, muy añoradiza”, según reconoce él, quien ha pintado de memoria rincones de la Lima histórica que tanto recorrió como estudiante.
La temática andina llegó después. Reafirmando su identidad, Cárdenas hizo bodegones, frutos y escenas asociadas a su primera infancia. El cerro se impone, cuando el costumbrismo lo envolvió, guía paso. Josefina Prado de Pallard, una dama cubana, lo invitó a exponer por Europa en una muestra itinerante que reunió a una decena de pintores, entre ellos el maestro Enrique Galdós Rivas. “Vi a los impresionistas y tomé nuevos aires en mi arte, pero eso planteó mi obra, a buscar otro lenguaje, pero sin renunciar a mis raíces”, cuenta el pintor.
Envuelto en la diversidad cromática que siempre caracterizó su obra, Cárdenas se inclinó hacia una abstracción que con el tiempo acogió segmentos míticos. Elementos andinos empezaron a sugerirse en su obra, recreando un mundo paralelo, mágico, pero nunca lejano.
“Hoy, Cárdenas plasma la simbología de la naturaleza. El artista es un observador del tiempo”, dice quien también es un docente retirado que pasó los días en su taller de Mayorazgo, plasmando una obra aún más colorida que ayer. Su mirada, reflexiva y contrastada, se imprime en positivos y se condice por el camino del color.
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